Haberlo conocido antes a Joaquín…
No creo que me hubiese ahorrado vivencias, ni tragos amargos, ni llantos ni risas. El destino no hubiese sido ni más benévolo ni más drástico conmigo. No hubiese tomado caminos diferentes a los que elegí ni hubiese escatimado en asumir riesgos. Lo que si creo que me hubiese pasado es que me hubiese sentido más comprendida, identificada, hubiese sentido que alguien ponía en palabras eso que yo ahogaba entre lágrimas.
Particularmente en este último tiempo tengo un par de sus canciones que se tararean solas en mi cabeza. Hay fragmentos que retumban mas que otros, que parecen escritos a medida.
Así empezó nuestra historia…
Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on the rocks, en vez de fingir, o estrellarme una copa de celos, le dio por reír.
De pronto me vi, como un perro de nadie, ladrando, a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo.
Tenían razón mis amantes en eso de que, antes, el malo era yo, con una excepción: esta vez, yo quería quererla querer y ella no. Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas.
Desde el taxi, y, haciendo un exceso, me tiró dos besos… uno por mejilla.
Y regresé, a la maldición del cajón sin su ropa, a la perdición de los bares de copas, a las cenicientas de saldo y esquina, y, por esas ventas del fino Laína, pagando las cuentas de gente sin alma que pierde la calma con la cocaína, volviéndome loco, derrochando la bolsa y la vida la fui, poco a poco, dando por perdida.
Y eso que yo, para no agobiar con flores a María, para no asediarla con mi antología de sábanas frías y alcobas vacías, para no comprarla con bisutería, ni ser el fantoche que va, en romería, con la cofradía del Santo Reproche, tanto la quería, que, tardé, en aprender a olvidarla, diecinueve días y quinientas noches.
Dijo hola y adiós, y, el portazo, sonó como un signo de interrogación, sospecho que, así, se vengaba, a través del olvido, Cupido de mí.
No pido perdón, ¿para qué? si me va a perdonar porque ya no le importa… siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.
Me abandonó, como se abandonan los zapatos viejos, destrozó el cristal de mis gafas de lejos, sacó del espejo su vivo retrato, y, fui, tan torero, por los callejones del juego y el vino, que, ayer, el portero, me echó del casino de Torrelodones. Qué pena tan grande, negaría el Santo Sacramento, en el mismo momento que ella me lo mande.
Yo solo quería…
Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escena del sofá; yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado con ganas de llorar. Yo no quiero vecinas con pucheros; yo no quiero sembrar ni compartir; yo no quiero catorce de febrero ni cumpleaños feliz.
Yo no quiero cargar con tus maletas; yo no quiero que elijas mi champú; yo no quiero mudarme de planeta, cortarme la coleta, brindar a tu salud. Yo no quiero domingos por la tarde; yo no quiero columpio en el jardín; lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren.
Yo no quiero juntar para mañana, no me pidas llegar a fin de mes; yo no quiero comerme una manzana dos veces por semana sin ganas de comer. Yo no quiero calor de invernadero; yo no quiero besar tu cicatriz; yo no quiero París con aguacero ni Venecia sin tí.
No me esperes a las doce en el juzgado; no me digas “volvamos a empezar”; yo no quiero ni libre ni ocupado, ni carne ni pecado, ni orgullo ni piedad. Yo no quiero saber por qué lo hiciste; yo no quiero contigo ni sin ti; lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres porque el amor cuando no muere mata porque amores que matan nunca mueren
Y así concluyó…
Esta sala de espera sin esperanza, estas pilas de un timbre que se secó, esta mala ventura, esta contradanza, este trailer de mudanzas, con los muebles del amor. Esta campana herida en el campanario, esta mitad partida por la mitad, estos besos de Judas, este calvario, este look de presidiario, esta cura de humildad. Este cambio de acera de tus caderas, este payaso que ya no hace reír, este arrabal sin grillos en primavera, ni espaldas con cremallera, ni anillos de presumir. Este dulce de leche contaminado, este perro andaluz sin domesticar, este orgullo de príncipe destronado, esta esquina del pecado, esta ruina de Don Juan.
No abuses de mi inspiración, no acuses a mi corazón tan maltrecho y ajado que está cerrado por derribo. Por las arrugas de mi voz se filtra la desolación de saber que estos son los últimos versos que te escribo, para decir “condios” a los dos nos sobran los motivos.
Esta necesidad de necesitarte, este llamarte sin quererte llamar, este olvidarme del deber de olvidarte, este lunes, este martes y el miércoles que vendrá.Esta lágrima de hombre de las cavernas, esta horma del zapato de Barba Azul, que poco rato dura la vida eterna por el túnel de tus piernas entre Córdoba y Maipú. Esta guitarra huérfana y delirante,con su terco knock knockin’ on heaven’s door, estos dedos que dejan caer un guante, delicado y trashumante, a los pies de un trovador. Este Land Rover aparcado en tu puerta, la rueca de Penélope en el Luna Park, este sueño que sueña que se despierta, esta caracola muerta sin la gramola del mar.
Lo nuestro duró 120 días pero aprender a olvidarte …. me implicaron muchas más noches…
Este adiós, no maquilla un “hasta luego”,
este nunca, no esconde un “ojalá”,
estas cenizas, no juegan con fuego,
este ciego, no mira para atrás.
Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré,
ahórrate el acuse de recibo
estas vísperas, son las de después.
A este ruido, tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón, podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos no lloran más por ti...
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